Por medio mundo es sabido que la ciudad de Monterrey es totalmente futbolera, Nuevo León es quizás el estado donde la pasión por el futbol supera cualquier otra afición o pasatiempo. Pobres y ricos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos disfrutan de este deporte por igual.
Tenía 10 años la primera vez que fuí al futbol. Era un partido Tigres-Atlas. Al final del juego el marcador favoreció a los visitantes pero a pesar de la derrota el último sentimiento que tenía era el de la tristeza. Y como estar triste si era mi primera vez en un partido de futbol, en esa gloriosa cancha del Volcán de Ciudad Universitaria, con ese calor apabullante de la ciudad de Monterrey, escuchando como los señores con cerveza en mano le gritan insultos al contrario, viendo el estadio pintado de amarillo iluminado con las ondeantes banderas, todo eso al lado de mis primos; no podía estár mas felíz.
Pasaron 2 años para volver a esa cancha, en un partido Tigres-Morelia. Y 3 más para hacer mis visitas al inmueble de San Nicolás de los Garza más frecuentes. Tenía yo 14 años y el único lugar al que asistía con regularidad era esa cancha. Fue durante un año completo que pude ver a Tigres cada quince días, fué un equipo que avasallaba al rival, en esos dos torneos no hubo visitante que se llevara los 3 puntos de este estadio. Tigres fué el equipo que más puntos hizo y mejor futbol desplegó durante el año 2003 y desgraciadamente no se vió reflejado en un campeonato (una semifinal perdida y un subcampeonato).
El ambiente siempre había sido lo mejor, el equipo podía jugar o no bien pero la gente siempre estaba ahí, alentando y sobre todo disfrutando del espectáculo.
Hoy las cosas han cambiado demasiado, quizás el equipo lo ha propiciado pero, la gente parece ya ir predispuesta para abuchear o desacreditar al equipo, cada vez hay más gente gritando insultos al jugador de casa y no al visitante, es como si en lugar de presionar al rival se presione al propio equipo, sin contar a la gente que va a hacer de todo al estadio menos a ver futbol.
Otro factor que considero importante es que esta afición se ha aburguesado, en los últimos tres años el futbol se volvió moda en la ciudad, cosa que han aprovechado los directivos de esta institución para poder vender desde antes de iniciar un torneo el ¿95 %? de las entradas con los “abonos”. Abonos que no son nada económicos (el más barato cuesta poco más de mil pesos) y que sólo la mayoría de la gente que los adquiere tienen un poder adquisitivo alto.
Tristemente estas no son cosas que se revierten de la noche a la mañana, y en lugar de volver a ser lo que era la afición regiomontana parece que seguirá por el mismo rumbo.
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